Reseña del libro "Los misterios de la selva · La costa de marfil"
Un cuarto de hora después, y habiendo recompensado al prisionero que los condujo a casa de Kalani, Alfredo, Bruno, Antao, Urada, su padre, Gamani y los dos dahomeyanos abandonaban la capital, dirigiéndose a todo galope hacia el Este, a fin de interponer el río Sou entre ellos y los soldados de Geleté. Huían sin freno, desesperadamente, sin detenerse para nada, temiendo que los siguieran las sanguinarias bandas del déspota, que, de seguro, no habría de tardar en mandar perseguir a los falsos embajadores, cuya fuga misteriosa debió de despertar en él sospechas, especialmente después de la muerte de Kalani. Galoparon todo el día siguiente, no haciendo más que brevísimas paradas para darse un poco descanso, así como a los caballos, y decidieron no pernoctar sino cuando se encontraran en las cercanías de Akpa. El día después continuaron aquella endiablada fuga a través de los terrenos palúdicos del Dahomey central, atravesando sucesivamente el Sou y el Akpa, los dos principales afluentes del Ousme, y deteniéndose únicamente el tiempo preciso en Keton, una de las últimas aldeas del reino de Geleté, entraron en el país de los egbas. Sólo entonces se permitieron el lujo de proceder con más calma y de hacer más largas paradas, no teniendo ya que temer que los siguieran los dahomeyanos, pues los egbas forman una población independiente, una federación de pequeñas repúblicas que gozan una civilización relativamente adelantada. Manteniéndose cerca de las fronteras del Dahomey, bajaron a lo largo de las orillas del Zcava, hasta la altura de Pokra, y luego, replegándose hacia el Oeste, entraron en Puerto Nuevo, veinticuatro horas después de haber salido del Dahomey. Su estancia cerca de su amigo Tofa fue breve, pues Alfredo había resuelto dar el postrer adiós a la Costa de Marfil y volver a su patria, pues ya era dueño de una gran fortuna, y Antao tenía intenciones de ir a Portugal a cuidar las muchas haciendas que poseía en Santa Catalina. El 24 de julio, después de haber concedido la libertad a los dos dahomeyanos que los habían servido tan fielmente, y de haberles recompensado con largueza, Alfredo, Bruno, Antao, Gamani, Urada y el padre de ésta embarcaron en un velero que partía directo de Kotonou a Monrovia, la capital de la república negra de Liberia. Catorce días después Alfredo, su hermano y Gamani, siempre tan adicto y tan fiel, tomaban pasaje en el buque que hace el servicio mensual con Europa, mientras Antao se embarcaba para Portugal, llevando consigo a Urada, por la cual sentía algo más que un simple afecto, y al padre de ésta. El valiente portugués había prometido hacer todos los años una escapada a Italia para beber en compañía del esforzado cazador una botella de aquel exquisito vino de Etna que conocía de fama. Antao ha mantenido fielmente su promesa, y todavía hoy, en la estación invernal, marcha a Catania a buscar a su amigo y al joven Bruno; pero no va sólo. Le acompaña la ex amazona del feroz Geleté, que al cabo de pocos años se convirtió en la señora Urada de Antao Carvalho.
Escritor italiano, Emilio Salgari nació en Verona, Italia, el 21 de agosto de 1862, y falleció en Turín, Italia, el 25 de abril de 1911. Hijo de una familia de comerciantes, de joven sirvió a bordo de un barco que recorrió la costa Adriática y Mediterránea, pero no hay pruebas de que hiciera más viajes por mar, aunque aseguraba que los lugares exóticos que aparecían en sus libros se basaban en sitios que había visitado personalmente.
Salgari comenzó a prepararse en el Real Instituto Técnico Naval P. Sarpi de Venecia, pero no llegó a obtener el título de capitán que ansiaba. Sus novelas, llenas de acción, fueron muchas, pero probablemente sea conocido sobre todo por crear el personaje de Sandokán.
A pesar de su éxito, Salgari fue uno de los autores más vendidos de su generaciónl, vivió en una relativa miseria que, junto con el desequilibio mental de su esposa, la actriz de teatro Ida Peruzzi, con quien tuvo cuatro hijos, lo condujo a suicidarse en 1911 realizando el rito tradicional del Hara-kiri.
Salgari escribió en total ochenta y cuatro novelas e incontables relatos, destacando títulos como Los tigres de Mompracen o Los piratas de Malasia. Varios de sus libros han sido llevados al cine y su personaje principal, Sandokan, ha protagonizado una serie de televisión.
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