Tren a tren, el continente. Fronteras de Cinerama
Reseña del libro "Tren a tren, el continente. Fronteras de Cinerama"
Es peligroso optar a ciegas. Las decisiones vitales las carga el diablo. Por eso Taina, la protagonista, ha sopesado todo antes de tomar el tren en el Berlín de antes del telón de acero para recorrer Europa cual «Liza Minelli, Man by man».
A su arriesgada meta en Copenhague –en ella puede irle la vida- le anima su gran amiga Andrea, aun sin comprenderle.
Es pesado el viaje. Amenizado en parte por miss Tweng, a quien el azar coloca frente a ella en uno de los vagones, como en Shanghai Express. Los sabios consejos de la oriental, que indaga libremente en Taina, alegran el viaje con los recuerdos del pasado de esta. Desfilan amores, amigos, encuentros sexuales... Todo se cuestiona, se desmonta. No falta humor en el registro vital de Taina. Y es que ella «es una cámara», se fija y chupa —igual que una vampira— de sus interlocutores, y lo proyecta luego. A veces proyecta más en gris: de la España del final de la dictadura; sin embargo, ¡quién lo diría!, hasta desfilan espiritistas, mitos, monseñores que son monseñoras... Ambientes oscuros, pecaminosos... Unas pantallas iluminan nítidas su realidad. Otras veces se difuminan en sombras. Pero el sustento, el eje de todas esas pantallas, siempre es La Mujer, que es buscada y absorbida.
No es de risa; es triste el relato: el largo viaje de Taina es una escapatoria.